¿Existe realmente una adicción a las nuevas tecnologías?

En la actualidad, el concepto adicción no se relaciona exclusivamente con el consumo de sustancias químicas o drogas, como pueden ser opiáceos, alcohol, tabaco etc. sino que también se puede asociar a conductas o comportamientos a priori saludables y no peligrosas.

Así, las adicciones sin sustancias (también conocidas como adicciones no químicas, psicosociales, sin drogas…) pueden ser definidas como comportamientos que no implican necesariamente consumo de sustancias, sino una relación patológica con ciertos comportamientos catalogados como normales (Echeburúa, 1999; Griffiths, 1999, etc.)

Las adicciones sin sustancia son todas aquellas conductas repetitivas que resultan placenteras, al menos en las primeras fases, y que generan una pérdida de control en la persona (más por el tipo de relación establecida que por la conducta en sí misma), con una interferencia grave en su vida cotidiana, a nivel familiar, laboral o social.

Cualquier conducta es susceptible de generar adicción. Así, las adicciones sin sustancias pueden ser muy diversas: desde el juego patológico, la adicción al trabajo, a las nuevas tecnologías, a la comida, al deporte etc.

Estas adiciones presentan un similar perfil clínico y enfoque terapéutico. Los pacientes que padecen una adicción sin sustancia tienen semejanzas con los adictos a sustancias ya que en ambas adicciones existe: tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia con patrones conductuales nocivos o desadaptativos consolidados y repetitivos.

Aun así, cada adicción sin sustancia suele presentar un perfil característico (ej; el adicto a máquinas tragaperras suelen ser hombres mayores de 45 años y que además suelen presentar alguna adicción con sustancia y el juego on-line, por ejemplo, suele ser común entre los jóvenes de 16 a 25 años)


Respecto a algunas prácticas ya señaladas como el juego o el bingo on-line un debate interesante podría ser abordar si tendría que estar regulada de algún modo la publicidad relativa a los mismos. El juego on- line se está consolidando como una oferta de ocio alternativo para jóvenes de 16 años en adelante (ya que el acceso a internet es bastante libre para menores de edad), quizás que estas prácticas sean patrocinadas por deportistas de elite como Rafa Nadal, Cristiano Ronaldo etc. no ayuda a romper esta dinámica sino que más bien la fomenta. ¿Creéis por tanto que como ya ocurre con las adicciones con sustancia (alcohol y tabaco) habría que también regular de forma específica la publicitación de las posibles adicciones no químicas controlando los mensajes que se emiten, regulando los horarios etc.?

Las adicciones sin sustancia pueden convertirse en adictivas en función de la fuerza, asiduidad, o a la cantidad de tiempo o dinero que se invierte en llevarlas a cabo llegando a interferir gravemente en el funcionamiento del sujeto.

Algunos factores psicológicos que pueden influir en la predisposición para poder sufrir una adicción sin sustancia pueden ser relativos a nuestra personalidad (alta impulsividad, búsqueda de sensaciones, autoestima baja, estímulos de enfrentamiento inadecuado o intolerancia a estímulos displacenteros) o emocionales (estado de ánimo disfórico, carencia de afecto, cohesión familiar débil, pobreza de relaciones sociales).

Alguna de las diferencias existentes entre las adicciones con y sin sustancia radica en que las primeras suelen ser múltiples mientras que en las segundas esto no sucede. Por otro lado, muchas veces lo que sí es frecuente es que una misma persona presente una adicción con y sin sustancia (ej. Ser adicto a las máquinas tragaperras y al alcohol).

Hoy en día es frecuente, experimentar situaciones como la que describimos a continuación: Estaban los dos con el móvil y no me hacían caso, parecía que me estaba tomando un café yo sola. Por ello en este espacio queremos reflexionar acerca de la existencia o no, de la adicción a las nuevas tecnologías ¿Dónde está el límite?¿A qué edad deberían los niños empezar a tener móvil?? "El uso de redes sociales, por ejemplo, libera neurotransmisores asociados con el placer cerebral, como la dopamina (Pedro Bermejo, Presidente de la Asociación Española en Neurología, El Mundo 29 Mayo 2016). El problema es que el cerebro se acostumbra a esa sensación de bienestar y pone en marcha de nuevo el circuito para repetir la acción y obtener el mismo placer".

Cuando una persona, deja de realizar cosas necesarias en su día a día, podemos hablar de un uso abusivo de las nuevas tecnologías, pasa demasiadas horas enganchada a su teléfono móvil.

¿Cómo podemos intervenir?

Establecer límites y pautas de uso, nos puede ayudar establecernos unas reglas, como por ejemplo: “ mientras estudio o trabajo atender solo llamadas urgentes” “no conectarme a las redes sociales más de 3 horas al día” “ tener una comida con amigos y pasarme la comida pendiente de subir fotos a las redes que de conversar con las personas de mi entorno”.

Si decidimos comprarle un móvil a nuestros hijos, y nos da miedo que no sepa gestionarlo, podemos realizar un contrato con ellos, poniendo unas normas, como por ejemplo: “tener la contraseña del móvil, no subir imágenes íntimas a las redes, limitar los espacios de uso de zonas,…”

Aunque no podemos olvidar que un uso correcto de las tecnologías, tiene algún beneficio, ya que mejora la coordinación motora, la memoria, existen videojuegos terapéuticos.

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