Mujer Trans y VIH

Rescatamos algunas cuestiones del informe del Ministerio de Sanidad de Junio de 2020 sobre Mujer Trans y VIH.


Asegura este estudio que las personas trans tienen una peor percepción de su estado de salud y bienestar, y más de la mitad ha retrasado en alguna ocasión acudir a un recurso sanitario, el 44.1% por temor a ser juzgadas por parte de profesionales sanitarios y el 41.1% por falta de confianza en el sistema sanitario.


La transfobia o estigma asociado a las personas trans es generalizado y puede limitar sus oportunidades y su acceso a recursos en ámbitos elementales como el empleo, la educación o la atención sanitaria, afectando de manera persistente a su salud mental y física. La anticipación del estigma y el temor a la ruptura de la confidencialidad respecto de su identidad de género pueden contribuir a las disparidades de atención sanitaria y en la salud sexual de las personas trans, especialmente de las más jóvenes.


A nivel global, las mujeres trans están desproporcionadamente afectadas por el VIH. De acuerdo a un meta-análisis, las mujeres trans tienen una prevalencia agrupada de infección por el VIH de 19.1% (IC 95%: 17.4-20.7). En los países de ingresos altos aumenta al 21.6% (IC 95%: 18.8-24.3), y en el caso de mujeres trans trabajadoras del sexo al 27.3%.

Ni la infección por el VIH ni recibir TAR (tratamiento antirretroviral) están contraindicados para el THF (tratamiento hormonal feminizante). Sin embargo, un estudio piloto para determinar las diferencias en los biomarcadores de inflamación y riesgo cardiovascular en mujeres trans con infección por el VIH mostró que hasta el 40% de mujeres trans con infección por el VIH no tomaban de la manera prescrita el TAR (12%), el THF (12%) o ambos (16%) debido a la preocupación por las posibles interacciones. Estudios cualitativos sugieren que las mujeres trans a menudo priorizan su THF (tratamiento hormonal feminizante) frente a la prevención del VIH, si se percibe que el primero puede resultar afectado.

Por último, se debe tener en cuenta el impacto de los rellenos inyectables, que son productos que permiten la feminización de distintas áreas corporales, como la cara, caderas, glúteos y pechos. Debido a la falta de recursos y a las barreras de acceso a la atención sanitaria muchas mujeres trans, han empleado en algún momento productos peligrosos como si se tratara de silicona de grado médico. Aunque no existen estudios, es posible que la inflamación secundaria crónica provocada por algunos de estos rellenos pueda complicar el pronóstico de la infección por el VIH.

Podemos afirmar que se necesitan estudios controlados de interacciones en mujeres trans, incluyendo efectos en la liberación renal, y presencia de los antirretrovirales a nivel sistémico o en tejidos de interés, así como los efectos de las hormonas en la susceptibilidad e inmunidad en relación al VIH.

No menos importante es que los profesionales que traten a estas mujeres deben tener una idea clara de su historial de terapia hormonal, incluyendo dosis, y evaluar las posibles interacciones con TAR (tratamiento antirretroviral) con el fin de mantener el proceso de feminización y de suprimir la replicación viral.