REFLEXIONES DEL 1 DE MAYO.


Nos gustaría reflexionar sobre las claves para lograr una inclusión social plena y como el trabajo remunerado se ha convertido en la clave para la misma. Esta realidad, se acompaña de precariedad laboral y falta de derechos, por lo que complica en mucho la plena inclusión social de los más vulnerables de nuestra sociedad.

En nuestra sociedad, por mediación del trabajo remunerado pertenecemos a la esfera pública, consiguiendo así una existencia y una identidad social. Es por eso que el trabajo es más que un medio para ganarnos la vida. Por el contrario, se extiende la idea del excluido como víctima de sí mismo (de sus adicciones, de su amoralidad) o de sus circunstancias (de su entorno familiar, de su fracaso escolar). La falta de trabajo y de dinero no es la causa, sino la consecuencia de un modo de vida. Ya no son desempleados; son inempleables: carecen de las habilidades necesarias para satisfacer una demanda de nuevos empleos cada vez más cambiante como consecuencia del cambio tecnológico y la globalización.

Pero hoy en día encontrar un empleo no significa necesariamente salir de la pobreza. Más bien al contrario, se sale del desempleo con relativa facilidad, pero sólo para volver a la misma situación de vulnerabilidad al cabo de un tiempo tras pasar por alguno o algunos de los empleos precarios y sin recorrido. De esta manera la persona habrá de autoevaluar permanentemente sus posibilidades, descubrir sus carencias y esforzarse por desarrollar sus habilidades. En todo caso, él mismo es el problema.

Os dejamos esta reflexión, con motivo del 1 de Mayo. Quizás hemos de plantearnos si las condiciones de los trabajos y de la propia búsqueda de empleo, facilitan la inclusión social o en muchas ocasiones, están generando más desigualdad y exclusión.